A veces son infieles... y a veces son "la otra". Pero, ¿por qué lo hacen? ¿Es un secuestro emocional, una traición, un sacrificio o una ficción novelesca o afición alcine, la TV, o folletines dedicados a la fantasía romántica? En este blog algunas mujeres me eligen para vivir nuestros amores en la clandestinidad casi siempre contra mi voluntad.
Ellas. tienen costumbres arraigadas en la historia de sus familias y pueblos, u otras criollas con ancestros peninsulares. parecen el reflejo de una España antigua, en la que no había divorcio ni libertad sexual y la pasión se refugiaba en las radionovelas y los tangos. Hoy, cuando la infidelidad es un secreto a voces y ya nadie vive el matrimonio como una cárcel, la figura de “la otra“ sigue vigente, pero ya no es el fruto de una sociedad reprimida. Muchas son grandes historias de amor en la sombra. tal como narro en los diferente capítulos de "Lupìtamiamor"
Ellas. tienen costumbres arraigadas en la historia de sus familias y pueblos, u otras criollas con ancestros peninsulares. parecen el reflejo de una España antigua, en la que no había divorcio ni libertad sexual y la pasión se refugiaba en las radionovelas y los tangos. Hoy, cuando la infidelidad es un secreto a voces y ya nadie vive el matrimonio como una cárcel, la figura de “la otra“ sigue vigente, pero ya no es el fruto de una sociedad reprimida. Muchas son grandes historias de amor en la sombra. tal como narro en los diferente capítulos de "Lupìtamiamor"
Nada decir del actual México: En las novelas, en antologías como "Atrapadas en la cama" y en las redes sociales hay una apertura tal que se diría que dejó de ser un tabú la infidelidad y que las relaciones sexuales entre tres protagonistas es lo natural, aceptado, usual. Ahora se llaman "socios", porque 2 disfrutan de una mujer, a sabiendas y co actitudes hipócritas de hacerse los occisos.
Por supuesto siempre ha existido la infidelidad masculina. El machismo, el casanova de banqueta y el gigoló o alcahuete es cosa permanente en el país desde la colonia. El pachuco o el
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La infidelidad goza de buena salud en México como en España tipos que llegaron no sólo a conquistar una civilización sino a conquistar a las nativas. +coloni+cazadores que llegaron a hacer+ que las mujeres autóctonas fueran sus sexoservidoras y a veces sus permanentes amantes con las que fundaron el mestizaje. La madre patria es un país, según Ashley Madison, que es la agencia de contactos que saltó a la fama por utilizar una imagen de la reina Sofía para publicitarse, el más infiel de cuantos se han encontrado en la expansión de su, al parecer, boyante negocio: en España, dicen, disponen de una cartera de 800.000 clientes, hombres y mujeres. Quizá no deberíamos sorprendernos: varios estudios han ido mostrando en los últimos años que al menos un 37% de los hombres y un 35% de las mujeres habían sido infieles alguna vez a sus parejas. Pero los expertos apuntan incluso a más de la mitad (el 52% de los hombres y el 48% de las mujeres) tienen o han tenido amantes y que la cifra va en aumento. Y, contra todo pronóstico, son las mujeres las que más partido le sacan: se sienten más guapas y equilibradas psicológicamente, y se preocupan más por su aspecto, mientras que ellos lo viven con culpabilidad y el esfuerzo para ocultar su doble vida les hace verse con más arrugas, según un informe de una firma italiana de cosmética.
En los últimos dos años, las páginas de intercambios en internet se han multiplicado y, sobre todo, los foros en los que los infieles se confiesan sin tapujos casad@s infieles y con mucho orgullo. Sin embargo, frente a este alegre mercadeo de canas al aire, hay otras historias de larga duración, que son pasiones amorosas reales, románticas y, en muchos casos, dolorosas. Ellas encarnan a la melodramática figura de “la otra” o del otro, el maridito beneficiado económicamente por la aportación del socio, tal como se ve en este blof
g de Lupitamiamor!!!.
Y aquí, para que no parezca que me rasgo vestiduras de mojigato, debo afirmar que los Vaught en Campeche y sureste no se han quedado atrás: mi padre tuvo mujeres a granel y cuando menos dos mujeres secretarias fueron sus compañera de vda....Mi hermano tiene dos mujeres que mantiene en su casa y con las que tiene hijos. Y, ya diré de mí, que he tenido 12 hijos con tres eposas que son pocos comparados con mi tío Alberto Vaught que tuvo como 29.. . Nada decir de mi abuelito Ramiro Alcocer Sansores, que fue mi protector y siempre patrocinó mis conciertos de piano y viajes para presentaciones generoso, cabal y todo un caballero Hombre de negocios fructíferos, empresario visionario que creó una fábrica de hielo y de gaseosas en Tabasco, de recia honestidad, integridad, puntualidad y muy serio en todas sus relaciones, (por cierto, tío del Negro Sansores, quien fuera gobernador de Campeche) bueno, pues, tendré que decir que que tuvo muchas amantes y así no se quedan otros miembros de la familia sin registros estadístcos en estos renglones!---
g de Lupitamiamor!!!.
Y aquí, para que no parezca que me rasgo vestiduras de mojigato, debo afirmar que los Vaught en Campeche y sureste no se han quedado atrás: mi padre tuvo mujeres a granel y cuando menos dos mujeres secretarias fueron sus compañera de vda....Mi hermano tiene dos mujeres que mantiene en su casa y con las que tiene hijos. Y, ya diré de mí, que he tenido 12 hijos con tres eposas que son pocos comparados con mi tío Alberto Vaught que tuvo como 29.. . Nada decir de mi abuelito Ramiro Alcocer Sansores, que fue mi protector y siempre patrocinó mis conciertos de piano y viajes para presentaciones generoso, cabal y todo un caballero Hombre de negocios fructíferos, empresario visionario que creó una fábrica de hielo y de gaseosas en Tabasco, de recia honestidad, integridad, puntualidad y muy serio en todas sus relaciones, (por cierto, tío del Negro Sansores, quien fuera gobernador de Campeche) bueno, pues, tendré que decir que que tuvo muchas amantes y así no se quedan otros miembros de la familia sin registros estadístcos en estos renglones!---
Aunque parezca increíble en una sociedad que idealiza la monogamia, que se ofrece como católica. hay más personas de las que imaginamos, atrapadas o voluntariamente instaladas en el marco dual del par: de dos parejas, dos camas y dos vidas a la vez. Son amores aparentemente secretos y clandestinos, pero tan sólidos y duraderos como los oficiales. He hablado con más de cuatro mujeres que han convertido un amor imposible en la pasión de su vida pero dejo esas entrevistas para después. Por lo pronto, acudo al magnífico trabajo periodístico del Sr. C Verguiso de la Revista LA MUJER HOY . Y así, ahora ofrezco los casos presentados por el autor español de la revista nombrada. confiesa que "Todos los nombres son ficticios y sus datos personales han sido desfigurados, sin traicionar la verdad de su relato y sus circunstancias", como es el caso del personaje femenino que es la principal protagonista de este blog. AQUÍ VAN:
Concepción, 42 años
Lleva más de 20 años casada y es madre de dos hijos. Tiene un amante desde hace una década.
Lleva más de 20 años casada y es madre de dos hijos. Tiene un amante desde hace una década.
Conocí a Juan, cuando acababa de cumplir 32 años. Llevaba 10 de matrimonio. Mi hija tenía seis años y el pequeño, año y medio. Mi vida de pareja con Agustín, mi marido, era sólida, organizada y cómoda. Y también agradable. Había complicidad y nos gustaba el mismo estilo de vida. Teníamos muchos amigos, una casa preciosa a las afueras, viajábamos con frecuencia... Éramos la viva imagen del éxito. Mi trabajo me apasionaba y me ocupaba mucho tiempo. Y entonces, Juanjo apareció como un huracán. Nos conocimos en un congreso. La atracción fue mutua e instantánea, pero tardamos unos meses en acostarnos juntos. Cuando ocurrió, me sentí eufórica. Llevaba tanto tiempo en pareja que tuve la sensación de no haber sentido nunca nada tan fuerte.
Él me llevaba 20 años. También estaba casado y tenía dos hijos. No sentí culpabilidad; al revés, con él volví a sentir la emoción de la seducción, el placer y el deseo sexual de los 20. Juanjo era alegre, un poco protector y me miraba y me escuchaba con ternura e interés. Justo lo que yo necesitaba: mi vida perfecta había empezado a parecerme gris. “¿Esto es todo?”, me preguntaba. Dos años después de nuestro primer encuentro, me dejó. Me quedé destrozada. Habría estado dispuesta a mandarlo todo a paseo, pero no me daba cuenta de que aquella euforia era una fantasía, y de que no habría sobrevivido sin Agustín y sin mis hijos. Gracias a ellos y a mi trabajo salí adelante.
Pasé años deprimida. Mi marido nunca dijo nada, aunque creo que se dio cuenta. Y yo mantuve la boca cerrada. A Juanjo me lo seguía encontrando en congresos y reuniones y alguna vez volvimos a acostarnos. Tres años después, le llamé, solo para charlar, y nuestra historia volvió a empezar. Me pidió perdón, pero me dijo que no debíamos pisar el acelerador. Comprendí que había pedido demasiado, que me había salido demasiado de la realidad, y decidí no cometer los mismos errores. Además, me daba cuenta de que no estaba tan dispuesta como creía a abandonar mi vida –el vínculo, la cotidianidad confortable–, aunque la pasión hubiera pasado.
Juan despierta en mí una parte que en lo cotidiano permanece aletargada, una alegría y un entusiasmo que tienen que ver con la juventud. Con él me parece que mi vida no solo es un escaparate y que todo tiene sentido. Aunque no me siento orgullosa. Nunca imaginé que las cosas serían así. Me casé enamoradísima de mi marido y creo en la fidelidad. A veces, mi cabeza es un caos. Pero entonces me digo que estoy viviendo una gran historia de amor, que es como un regalo, y lo acepto.
No es como se supone que debe ser: a la vista de todos, “oficial”. El problema es que es difícil que lo “oficial” preserve la frescura y el ardor. La vida diaria lo va a agotando, aunque al mismo tiempo supone la estabilidad que todos necesitamos. Pienso que ambas cosas son amor. De alguna manera, Juanjo es el hombre de mi vida, pero también lo es Agustín. Ahora ya no estoy deprimida. Sin él, sin nuestra casa, sin nuestros amigos y nuestros hijos, creo que me habría vuelto loca”.
Mónica, 48 años
Casada desde hace 29 años, con dos hijos. Tiene un amante desde hace 23 años.
Casada desde hace 29 años, con dos hijos. Tiene un amante desde hace 23 años.
“Puedo decir, sin lugar a dudas, que he sobrevivido gracias a mi amante, Javier. Nuestra relación es como una burbuja de felicidad, es lo que de verdad me hace amar la vida, lo que me da oxígeno. Nuestras citas, nuestra complicidad y esas noches que hemos pasado juntos, fuera de la realidad y del mundo son lo que me han ayudado a vivir. Mi marido sufrió un grave accidente de coche hace años y tuve remordimientos. Pero enseguida me di cuenta de que, gracias a mi relación con Javier, yo podía ser fuerte y cuidar de él y de mis hijos. Con él me siento más mujer. Todo me apetece. Me permito ser más ligera, más libre, más frívola, como la adolescente que fui. Solo con él siento de verdad placer, seguramente porque me olvido de todo, de las normas y de las convenciones.
Tras el accidente de mi marido, pensé romper con él. Nuestra relación también había entrado en una rutina. Él tenía aventuras, y a mí me daba cada vez más igual. Pero esa tarde en que quedé para despedirme, sentí que eran precisamente él y la clandestinidad que rompía con lo cotidiano, con la rutina del día a día, los que me ataban a la vida, y me daban un poco de felicidad. Que mi amante era, de alguna manera, la roca que me daba estabilidad. De verdad supimos que lo nuestro era algo profundo, que era amor. Hoy mi marido está bien y nuestra vida familiar ha mejorado. Pero Javier siempre estará ahí. No hemos querido formar una pareja “clásica”. Él está muy escarmentado del matrimonio tras un divorcio desastroso. Y yo quiero a mi marido, me gusta la vida que hemos construido, a pesar de tantas dificultades. Pero también me gusta el secreto que comparto con Javier, y que haya durado tanto en la adversidad como en la alegría”.
Eleanor, 55 años.
Soltera, amante durante 30 años de un hombre casado ya fallecido.
Soltera, amante durante 30 años de un hombre casado ya fallecido.
Conocí al amor de mi vida con 15 años. Lo supe desde el primer momento. Me llevaba 13 años, estaba casado y tenía hijos. Solo se le conté a mi hermana, que me dijo que era una chiquilla y que aquel amor platónico era una fantasía adolescente, aunque peligrosa. Pensó que se me pasaría en cuanto conociera a un chico de mi edad y me abriera al mundo. Pero no. No era una chiquillada. Estaba convencida de que acabaría convirtiéndome en su amante. Y así sucedió, meses más tarde. Esta vez no se lo conté a nadie.
Hoy, casi 40 años después de nuestro primer encuentro, cuando él ya no está en este mundo, sigo sin arrepentirme, a pesar de que nunca dejó a su mujer por mí, y de que yo casi me volví loca en algunos momentos. Fue cobarde, me mintió, me traicionó. Le esperé en vano tantas veces, me sentí tan desesperada... No tuve hijos, no me casé. Muchas veces, mis amigos me dicen que he destrozado mi vida por su culpa, pero yo pienso que tuve suerte. Nunca compartí la vida cotidiana con él, pero creo que me dio los mejores momentos de su vida. Nuestros encuentros eran muy emocionantes, nos reíamos mucho. Yo era la única que le conocía sin máscara. Le abandoné muchas veces e intenté rehacer mi vida. Vivíamos en una ciudad pequeña, siempre al acecho de las habladurías y decidí marcharme. Pero siempre volvíamos a encontrarnos. Nos escribimos cientos de cartas de amor, que aún conservo y releo entre lágrimas y risas. Guardo todas sus notas, las fotos, objetos sin importancia que compramos o recogimos en nuestros encuentros. Un mundo entero en una caja, que solo tenía sentido para él y para mí.
Siempre le perdoné, pero no me siento una víctima. Y eso que intenté suicidarme cuando me enteré de que iba a ser padre por tercera vez, cuando me había jurado que ya no mantenía relaciones con su mujer. Fue nuestra ruptura más larga. Duró dos años. Y, cuando nos reencontramos, el mundo siguió girando en torno a él y brillando como antes. Me aterraba la posibilidad de perderle para siempre. Sus cartas de amor eran mi alimento. Solo era capaz de vibrar con él y me conformé con saber que formaba parte de su vida, aunque fuera en la sombra. Claro que intenté tener una pareja “normal”, casarme y tener hijos. Pero aquellas relaciones que nunca llegaban a nada no me hacían feliz. Sentía rencor hacia ellos, porque estaban dispuestos a darme lo que mi amante no me daba.
Yo prefería nuestra historia clandestina, apasionante y sincera, a esas relaciones tan convencionales. Yo no quería una vida “como Dios manda”, solo quería estar enamorada. Me parecía que le era infiel cuando me acostaba con otro. Cuando supe que estaba muy enfermo, preferí seguir en la oscuridad y acostumbrarme a no verle más. Ahora que ha muerto, sigo pensando en él en secreto. Ya sé que es el único hombre de mi vida”.
Carmen, 37 años
Carmen, 37 años
Soltera y amante de un hombre casado durante 15 años.
“Yo tenía 22 años y fue un flechazo. A pesar de estar casado y con un hijo pequeño, me tiró los tejos con todo el descaro. Vivíamos en una ciudad pequeña y fuimos la comidilla durante años. Me pareció emocionante desde el primer momento, aunque pensé que se trataría de una aventura pasajera. Eso de ser “la otra” no se me había pasado por la cabeza. Pero lo que empezó como un coqueteo se convirtió en una pasión destructiva.
Aquella primera historia duró dos años, durante los cuales nos amábamos, nos abandonábamos, nos destrozábamos y volvíamos a correr el uno hacia el otro. Nunca dudé de su amor por mí, pero no podía evitar cierto resentimiento. Intenté tener una pareja “normal”: Rompí todo contacto con él, me casé y tuve dos hijos. Pero mi matrimonio acabó en divorcio. También el suyo. Y volvimos a encontrarnos. Pero entonces yo ya no quería compartir mi vida con nadie. Prefería ser libre.
Intenté amar a otros, pero era imposible: tuve que aceptar que nuestra historia nunca tendría fin, que necesitaba tenerlo en mi vida, aunque no de forma permanente. Tenemos caracteres incompatibles en la convivencia. Y, sobre todo, me he acostumbrado a quererlo “fuera de la norma”. Ese vaivén, ese ir y venir: encontrarse, despedirse, echarse de menos, esperarse, comerse a besos. Como en un tango o un bolero. Compartimos la esencia de la vida, a pesar de nuestras diferencias. Por eso será mi amante toda la vida. Nuestra historia no está hecha para la vida cotidiana, pero no por eso es menos amor”.

¿Cuántos casos similares conoce usted aquí en Yucatán, en Campeche, en Tabasco, en Quintana Roo, en Chiapas, en Oaxaca, en fin, en el Sireste?
Y, de mí mismo ni hablar, digo, pues, como un escritor que declaró hace casi medio suglo en una CONFESIÓN MEA MAXIMA CULPA, como amante de la Verdad-- que entonces llamaba la Vergad al Desnudo,--- contrariando a los supehipócritas, mojigatos, pudibundos y que rumoran dándose de golpes en el pecho, como antaño lo fariseos, sepulcros blanqueados, he tenido muchas mujeres que ni siquiera puedo contar. <Una vez quise poner en un cinturón los nombres de mis amantes --en un período de quince días-- y no me alcanzó el cinturón. Se llenó con nombres, firmas y fechas. No es cinismo ni tampoco desfachatez: es una realidad que experimentan miles de artistas en todo el mundo. Lord Byron, Casanova y Don Juan no son sólo personajes que existieron y tenían tan gran cartel como amantes que hn sido declarados héroes. Como hombre de radio, televisión, director de artes bellas y nacionales y como escritor creo que que muchas veces me he visto obligado a aceptar propuestas de francas y dulces chicas, porque NOBLEZA OBLIGA!"!!
Y, finalmente, de todo esto el personaje central aquí fue testiga de propuestas y atrevidos avances de cuando menos media docena de damas que, natural y tristemente, Lupita vetó!
Perdonen, pero me da pena la presunciónn de que haga de esto un alarde de vanidad y un vil triunfo..., al contrario, lo considero una desgracia que me ha traído taaaantas desgracias, desde enfrentamientos con pistolas de celosos maridos como de una celada, cobarde trampa donde un par de hermanos y sus esposas me querían tirar desde el balcón de su depa, 4 pisos abajo.., etc... ah! y nada decir de la escena de un marino que me vació su 45 mientras yo nadaba submarinamente en la costa de Champotón, etc., etc...
Ni modo que esas aventuras fueran con doncellas o monjas al estilo de Don Juan; no. Lo pongo como constamcia e que las infidelidades de mujeres las conocí desde hace más de 7 décadas!!!

¿Cuántos casos similares conoce usted aquí en Yucatán, en Campeche, en Tabasco, en Quintana Roo, en Chiapas, en Oaxaca, en fin, en el Sireste?
Y, de mí mismo ni hablar, digo, pues, como un escritor que declaró hace casi medio suglo en una CONFESIÓN MEA MAXIMA CULPA, como amante de la Verdad-- que entonces llamaba la Vergad al Desnudo,--- contrariando a los supehipócritas, mojigatos, pudibundos y que rumoran dándose de golpes en el pecho, como antaño lo fariseos, sepulcros blanqueados, he tenido muchas mujeres que ni siquiera puedo contar. <Una vez quise poner en un cinturón los nombres de mis amantes --en un período de quince días-- y no me alcanzó el cinturón. Se llenó con nombres, firmas y fechas. No es cinismo ni tampoco desfachatez: es una realidad que experimentan miles de artistas en todo el mundo. Lord Byron, Casanova y Don Juan no son sólo personajes que existieron y tenían tan gran cartel como amantes que hn sido declarados héroes. Como hombre de radio, televisión, director de artes bellas y nacionales y como escritor creo que que muchas veces me he visto obligado a aceptar propuestas de francas y dulces chicas, porque NOBLEZA OBLIGA!"!!
Y, finalmente, de todo esto el personaje central aquí fue testiga de propuestas y atrevidos avances de cuando menos media docena de damas que, natural y tristemente, Lupita vetó!
Perdonen, pero me da pena la presunciónn de que haga de esto un alarde de vanidad y un vil triunfo..., al contrario, lo considero una desgracia que me ha traído taaaantas desgracias, desde enfrentamientos con pistolas de celosos maridos como de una celada, cobarde trampa donde un par de hermanos y sus esposas me querían tirar desde el balcón de su depa, 4 pisos abajo.., etc... ah! y nada decir de la escena de un marino que me vació su 45 mientras yo nadaba submarinamente en la costa de Champotón, etc., etc...
Ni modo que esas aventuras fueran con doncellas o monjas al estilo de Don Juan; no. Lo pongo como constamcia e que las infidelidades de mujeres las conocí desde hace más de 7 décadas!!!





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